
Puerto Madero es uno de los barrios más bonitos que hay en el Buenos Aires, las luces tenues que salen del barco-casino son muy apacibles, la gente muy bien vestida, el restaurante donde espero a Antonia es uno donde hay buffet, desde pastas y carnes, lo clásico, y frutas, postres y mucha parrilla, demasiada carne para mi gusto, yo, extraño y prefiero mi pescado, el cual, en Argentina es muy caro y no es tan bueno, prefiero la de mi terruño peruano.
El anillo que compre para Antonio se encuentra en su cajita y encima de la mesa, el mozo me trae una botella de Malbec, pero antes me la sirve para probarla, le doy mi aprobación pese que no soy un experto catador pero me encanta los vinos y, éste en especial es un seco muy delicioso, especial para las carnes.
Hoy le voy a decir que deseo casarme, que deseo que sea mi esposa, mi mujer para toda la vida, con la connotación de pertenencia machista que expelo por los poros de mi piel, pese que nuestra relación no es la más normal, con tanta tecnología, skypes, mesenyers, entre otros, llevamos gran parte del tiempo meilandonos conversando con cam, nos vemos, nos enviamos besos, me dice amor con un smile, y mantenemos viva la ilusión de las pocas veces que hemos podido encontrarnos. Ella aún no termina su especialización en cirugía por eso varias veces ha evadido el tema de vivir juntos, ella no quiere irse de Argentina y yo después de tiempo hice la idea de estar a su lado, de dejar todo por estar con ella, un cuarentón enamorado de una veinteañera como la clásica canción de José José, y deseo esperarla porque la vida es única, mientras Miguel suele divertirse de la gran puta yo, bobo por Antonia.
El viento de la noche peina mi corto cabello, y estoy con ánimo de ser alegre, le pido al mozo que me traiga una porción adicional de pan porque ya llevo treinta minutos de espera, siento miradas en mi espalda y una pareja encaramelada frente mío me tienta la envidia de emular aquel momento, me traen el pan y voy pidiendo un plato de pastas, el vino aún intacto, él la espera yo, ya no lo sé. La pasta se transforma en comida para desahuciados, conforme llegan los minutos sé por enésima vez que no vendrá. Mi celular suena, es ella, sigue timbrando y los nervios me sudan hasta la raíces de mis vellos, qué hago, qué pose tener, qué decir, sigue timbrando, mientras la pareja voltea y dicen con su mirada que conteste, de pronto existe un complot de todos los presentes, sigue timbrando, pero al final deja de sonar, no contesté me entró pánico, creí que era mentira, ella no era de esas mujeres, simplemente no venía y no daba señales de humo, al día siguiente como siempre me llamaba y me decía que tuvo una emergencia en el hospital, vuelve a sonar el celular, esta vez me armo de valor.
- Porqué no contestas.
- Buenas noches Antonia, te escucho.
- Discúlpame, por no estar presente. Pero me han enviado a Mendoza para atender una emergencia, no pude avisarte.
- Claro, entiendo.
- Y dime porqué querías que cenáramos en ese restaurante tan especial que dices tú, donde he visto en su web que por la apariencia debe ser muy caro.
- Pues quería hacer esta noche especial en nuestras vidas.
- Pero ya son especiales
- Sí, pero deseo que tenga una especial continuidad que ronde con la eternidad
- Me haces sonreír, tú siempre tan formal
- Sabes lo mucho que te amo, y que el amor que te profano es de pura y consciente felicidad
La noche terminó con el Malbec solo en el mesa, mientras me retiraba y colgaba mi chaqueta en mi espalda, veo como lentamente se esfuma ese olor tan madera del vino, se esfuma como el día, como mi noche, como la noche que ha hecho especial este momento, ella no volvió a estar, volvió a dejarme plantado, pero fue especial porque llamó, y fue consciente, como nunca lo fue, como tal vez lo vuelva a ser, como ese nunca que se vuelve incierto cada vez que nuestro inconsciente nos traiciona, cuando creemos saber todo, cuando necesitamos tener un espacio para meditar y ver que la vida es una.
El anillo que compre para Antonio se encuentra en su cajita y encima de la mesa, el mozo me trae una botella de Malbec, pero antes me la sirve para probarla, le doy mi aprobación pese que no soy un experto catador pero me encanta los vinos y, éste en especial es un seco muy delicioso, especial para las carnes.
Hoy le voy a decir que deseo casarme, que deseo que sea mi esposa, mi mujer para toda la vida, con la connotación de pertenencia machista que expelo por los poros de mi piel, pese que nuestra relación no es la más normal, con tanta tecnología, skypes, mesenyers, entre otros, llevamos gran parte del tiempo meilandonos conversando con cam, nos vemos, nos enviamos besos, me dice amor con un smile, y mantenemos viva la ilusión de las pocas veces que hemos podido encontrarnos. Ella aún no termina su especialización en cirugía por eso varias veces ha evadido el tema de vivir juntos, ella no quiere irse de Argentina y yo después de tiempo hice la idea de estar a su lado, de dejar todo por estar con ella, un cuarentón enamorado de una veinteañera como la clásica canción de José José, y deseo esperarla porque la vida es única, mientras Miguel suele divertirse de la gran puta yo, bobo por Antonia.
El viento de la noche peina mi corto cabello, y estoy con ánimo de ser alegre, le pido al mozo que me traiga una porción adicional de pan porque ya llevo treinta minutos de espera, siento miradas en mi espalda y una pareja encaramelada frente mío me tienta la envidia de emular aquel momento, me traen el pan y voy pidiendo un plato de pastas, el vino aún intacto, él la espera yo, ya no lo sé. La pasta se transforma en comida para desahuciados, conforme llegan los minutos sé por enésima vez que no vendrá. Mi celular suena, es ella, sigue timbrando y los nervios me sudan hasta la raíces de mis vellos, qué hago, qué pose tener, qué decir, sigue timbrando, mientras la pareja voltea y dicen con su mirada que conteste, de pronto existe un complot de todos los presentes, sigue timbrando, pero al final deja de sonar, no contesté me entró pánico, creí que era mentira, ella no era de esas mujeres, simplemente no venía y no daba señales de humo, al día siguiente como siempre me llamaba y me decía que tuvo una emergencia en el hospital, vuelve a sonar el celular, esta vez me armo de valor.
- Porqué no contestas.
- Buenas noches Antonia, te escucho.
- Discúlpame, por no estar presente. Pero me han enviado a Mendoza para atender una emergencia, no pude avisarte.
- Claro, entiendo.
- Y dime porqué querías que cenáramos en ese restaurante tan especial que dices tú, donde he visto en su web que por la apariencia debe ser muy caro.
- Pues quería hacer esta noche especial en nuestras vidas.
- Pero ya son especiales
- Sí, pero deseo que tenga una especial continuidad que ronde con la eternidad
- Me haces sonreír, tú siempre tan formal
- Sabes lo mucho que te amo, y que el amor que te profano es de pura y consciente felicidad
La noche terminó con el Malbec solo en el mesa, mientras me retiraba y colgaba mi chaqueta en mi espalda, veo como lentamente se esfuma ese olor tan madera del vino, se esfuma como el día, como mi noche, como la noche que ha hecho especial este momento, ella no volvió a estar, volvió a dejarme plantado, pero fue especial porque llamó, y fue consciente, como nunca lo fue, como tal vez lo vuelva a ser, como ese nunca que se vuelve incierto cada vez que nuestro inconsciente nos traiciona, cuando creemos saber todo, cuando necesitamos tener un espacio para meditar y ver que la vida es una.
